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Autor: Hugo
Fotografía de la típica lotera roñosa que se pone en Sol revendiendo Lotería
En los últimos años vengo escuchando cada vez más a menudo eso de que ‘la Lotería es un impuesto voluntario para los que no saben de estadística’. Veréis, siento aguar vuestro momento de ‘qué tío más listo que soy, voy a demostrar a todos que tengo estudios’ pero no, no habéis entendido nada. La Lotería (y las apuestas en general) no es sólo una cuestión de números (si bien los cálculos necesarios para analizarla son de colegio, ¡enhorabuena!).
¿A qué me refiero con esto?, dejad que me explique. Seguro que habéis escuchado alguna vez lo malos que son nuestros cerebros para calcular probabilidades al vuelo, y seguramente los habéis visto acompañados de argumentaciones que parten de cosas como ‘¿qué prefieres, tener una posibilidad entre 10 de ganar 10 euros o tener una posibilidad entre 10.000 de ganar 10.000 euros?’. El avezado listillo dirá ‘es lo mismo, es la misma esperanza matemática’.
El tema es que este tipo de argumentaciones son abiertamente capciosas porque pasan por alto un par de cuestiones que suelen verse olvidadas cuando se habla de estadísticas y, más concretamente, cuando éstas se mezclan con dinero.
Ojo, hablamos de loterías, las apuestas de casino son otro cantar.
Lo primero a tener en cuenta es algo tan básico como que el tiempo de vida de un ser humano es limitado. En toda una vida uno apenas puede jugar unas 50 veces a la Lotería de Navidad, lo que supondría unos 1.000 euros (euros de hoy). E, igualmente, el ritmo al que gana el dinero también es bastante lento (la mayoría de la gente gana poco más o menos para vivir) por lo que toda esperanza de hacerse rico suele pasar por golpes de suerte.
Lo segundo a tener en cuenta es que el poder económico se basa en umbrales. Perder 20 euros al año no supone problema para casi ningún bolsillo, mientras que ganar 400.000 sí representaría un cambio muy sustancial para el común de los mortales. Llevándolo al ejemplo que planteaba antes, volver a casa con 10 euros de más puede alegrarte un ratillo, pero volverte con 10.000 euros te puede sacar de un buen apuro (aunque haya sido mucho más improbable de conseguir).
A modo de curiosidad, lo de los cortapuros lo sacan siempre en las pelis pero no creo que sea nada fácil cortar el hueso de un puto dedo así como así.
¿Veis a lo que me refiero? Se suele entender mejor si se plantea de forma negativa, incluso sin tener en cuenta el vil metal. Pensemos en algo físico, ¿qué preferiríais, tener una posibilidad entre 2 de que os de una patada en la espinilla un niño de seis años o una posibilidad entre 100.000 de que os de un puñetazo en la cabeza Mike Tyson?, probablemente la ‘esperanza de daño’ sea mucho más alta en el caso de la patada del crío, pero el riesgo del hostión de Tyson desequilibra la balanza porque sus consecuencias probablemente serían irreversibles para nuestros jugosos cerebros y nos dejaran alelados para los restos. Un caso aún más extremo, ¿qué preferiríais, que os seccionara un dedo con un cortapuros o jugar a la ruleta rusa con cinco personas más? Ya está claro por dónde voy, ¿no?
En resumen, que siempre que escucho a alguien la frasecita de marras no puedo evitar invitarle a que pregunte al último que se haya llevado el Euromillones a ver si sabe o no de estadística, y si acaso eso le importa mientras disfruta de su ático con vistas a Central Park rodeado de bellas modelos.
Recordar, incluso una posibilidad entre miles de millones es siempre más que cero. Y al que le toca, le toca; y eso es innegable.
¡Buena Suerte!
+ Comprar lotería de Navidad 2011
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